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Mostrando entradas de 2011

El juego alienante

Enhorabuena a los premiados. Lo digo sinceramente, cualquier brizna de felicidad es bienvenida en estos tiempos. Aún recuerdo los años del sorteo en blanco y negro con la alegría desbordada, no por el evento en si, más bien me repelían aquellos niños de uniforme cantando números y su correspondencia monetaria de forma monótona, sino porque solía coincidir con el inicio de las vacaciones escolares de invierno. Siempre me fascinó la expectación que causaba toda la parafernalia construida en base a un azar improbable. Poco ha cambiado desde entonces. De hecho, amparados en una supuesta tradición -no tan antigua-, se siguen perpetuando rutinas como si todo tuviera que ser siempre igual. Cambian nombres, cambian caras, pero se repite el relato como si no hubiera otra cosa que contar por parte de quien supuestamente tendría que servirse de lo nuevo, de lo distinto y cambiante para contar: los medios de comunicación. Las caras idiotas de los agraciados por la pecunia que quieren hacerse ver…

Decoración navideña

Cerró la puerta con el alivio de encontrar el remanso calmo de un hogar que sabía temporal, pero en el que había logrado encontrar el sentido del espacio propio. El sedentarismo vital se había perdido en su cadena evolutiva y, sin embargo, aquellas cuatro paredes le devolvían la libertad que le hurtaba el mundo exterior presentado como un bucle inexpugnable. Levantó la mirada y observó la decoración navideña que ella misma había perpetrado hacía sólo unos días al tiempo que apoyó la puntera de un zapato sobre el talón del otro para desprenderse de la altura fictícea que le otorgaban unos tacones no demasiado excesivos pero suficientes para alejarla más de lo pretendido de su constante anhelo de pisar la tierra descalza. Observó los espumillones precarios, en otro tiempo brillantes, desprovistos de bastantes de esas tirillas que tintinean al menor soplo de aire. Recorrían las paredes como un cercado eléctrico de bestias de guardar y sintió una punzada en forma de lástima o sentimiento…

Impresión. Sol durmiente.

Tengo la impresión y supongo que sólo debe ser eso, una impresión, que a veces, sentado tras mi mesa de trabajo percibo y dispongo la vida a trazos, al modo en que los pintores se enfrentan al lienzo en blanco. Me la presentan en realidad las personas que se sientan frente a mí y cuentan. Cuentan lo que necesito saber para aconsejarles o desaconsejarles en materias numéricas que no vienen al caso y en las que no soy nada experto y cuentan más allá de lo que nadie debiera contar para salvaguardar sus secretos. Una vez dichos dejan de serlo y pasan a convertirse en esbozo de las escenas cotidianas que figuro, abstraigo y difumino en mis elucubraciones. De eso me sirvo, del exceso verborágico desmedido de personas necesitadas de contar, de expresar una duda trascendental o la nimiedad más vana, para componer mi lienzo y dar sentido humano y dotar de espiritualidad a un trabajo que estaría en las antípodas materialistas del mundo conocido (y hasta de las galaxias aún no vislumbradas, dir…

Astrofísica de la ausencia

Casi un año después de liquidar el último poemario ando ya preparando un buen puñado de ideas, pensamientos, imágenes y sueños versificados que, de momento, voy agrupando bajo el título "Astrofísica de la ausencia". Nunca sé dónde me pueden llevar las palabras, pero creo que en algún punto de 2012 lo pueda tener completo. No hay prisa. Es la ventaja de no vivir de ellas (de las palabras), aunque sea a mi pesar. El gusto por escribir no se me pasa. Cada día puedo prescindir de más cosas superfluas, pero no de desparramar tinta o tipografía virtual para dar cuerpo a todo lo que me despierta curiosidad. Yo qué se. Hay quien encuentra su remanso viendo un partido de fútbol. Yo lo encuentro aquí. Además estoy experimentando con nuevos elementos para reforzar expresividad o a veces sólo por divertimento. La cuestión es que me apetecía colgar este sencillo "poema visual" con el que también estoy disfrutando como un chiquillo haciendo una especie de videomontaje. Si al fin…

Felis vitae

Podría decir que es una costumbre rutinaria. Pero no lo es. Sería otorgarle un punto de previsibilidad que no tiene. Ocurre con cierta frecuencia y sólo en ocasiones como la de hoy estoy lo suficientemente lúcido como para sacar alguna idea a cazos, así, como se saca la sopa, de la olla hirviente de los sueños, de la linde que separa la dimensión onírica y mágica de la dimensión real (o tal vez no lo sea tanto) y repetitiva de nuestra vida. Esta imagen abstracta se plasma en escena costumbrista con un despertador sonando al son de una música tribal que crece poco a poco y una mano que la sesga sin piedad y deja suspendidas e insonoras las notas que faltan y creo no haber escuchado nunca. Hay días en que eso es todo y la linde poética de ese estado de duermevela deja paso a las mil tareas diarias que necesitamos e inventamos para seguir viviendo. Pero hay otros días en que ocurre. Un trotar ligero pero decidido sube las escaleras, atraviesa el estudio y llega hasta la habitación advir…

Indignados

Estoy indignado. Lo digo con voz grave y resonante, dejando un eco de tres letras... Ado, ado, ado. O tal vez el eco no lo genere mi voz y sea en la repetición de las conversaciones que escucho donde encuentra mi estado de ánimo su reverberación sonora. Estoy indignado. Lo dice el albañil que hace tres años ganaba cinco mil euros mensuales e inflaba los presupuestos a clientes con márgenes de usurero. Estoy indignado. Lo dice quien trabajara como agente immobiliario cobrando comisiones de quince mil euros en adelante por vender infraviviendas a inmigrantes. Estoy indignado. Lo dice desde el fondo del bar el operario en paro que pagó mil quinietos euros por una entrada de fútbol (curiosamente el fútbol no indigna a nadie excepto a los futbolistas profesionales que también están indignados porque ven insuficiente la remuneración pecuniaria que reciben a cambio del penoso trabajo que realizan). Estoy indignado. Lo comenta también el hipotecado a quien a buen seguro forzaron a punta de p…

Los días intactos

Unos dirán que se repite como los ajos. Otros, que su momento pasó. No creo que le importe demasiado. Vislumbro en él a un tipo íntegro y fiel a su idea de hacer música y de la vida. Lo lleva haciendo desde hace muchos años cuando irrumpiera en el mundillo de la música acompañado de Los Rápidos que más tarde fueron Los Burros para desembocar en El último de la  fila hasta que emprendiera su camino musical en solitario allá por el año dos mil. Manolo García publica este mes Los días intactos, su quinto trabajo del que ha adelantado una canción, Un giro teatral, en dos versiones: eléctrica y acústica.
Descubrí su música allá por el año ochenta y siete, escapándome de alguna clase insulsa en el instituto y poniendo a hurtadillas el vinilo de Nueva mezcla sobre el plato del tocadiscos que había en casa de un amigo. Aquella música me tocó. Era descubrir un lenguaje nuevo, una manera de expresar diferente a lo que había oído. Tal vez fue el momento justo en que necesitaba oirla, ese en que …

Programas de verano

Venticuatro de septiempre. El día empieza con una lluvia delicada. Es el segundo día de otoño, seguramente la estación del año más odiada por aquellos con tendencias depresivas, los amantes de las tórridas temperaturas estivales y aquellos que gozan con el rebozado arenisco de cualquier playa abarrotada. Para mí es el respiro que me invita al recogimiento y a la reflexión. Esa humedad que inunda el aire y el olor a almizcle de los bosques, la paleta de colores cálidos que tiñe el paisaje... Qué puedo decir, como buen hombre de lluvia, me gusta el otoño. Éste que empieza ya casi en el mes de octubre. Hago esta aclaración porque en otros muchos ámbitos y no sólo en una conocida marca de grandes almacenes el otoño ha empezado hace ya algunos días, parece que la vuelta al trabajo (aquellos que lo conservan) o el comienzo de las clases escolares anticipan su llegada. Pasa esto en la programación televisiva, en que apenas comenzado septiembre, se cambian todas las parrillas de emisión dando…

En cargo y descargo

Lo confieso. Yo también he descargado música, películas y hasta libros de forma ilegal desde internet. Yo también he pirateado. Por eso leí con atención la noticia de la llegada de la tienda virtual de Amazon al mercado español. No recuerdo qué medio era, uno digital de los que consulto habitualmente. Me fijé en él porque el autor, con un punto de entusiasmo, veía en este hecho una especie de revolución que había de hacer más económico el acceso a los contenidos y paliar las descargas ilegales de todo tipo de contenidos - tengo que decir que tras echar una ojeada a la web todavía no sé qué aporta de diferente a otras tiendas ya existentes-. Lo cierto es que en un punto de la noticia se hacía mención a los brutales niveles de piratería españoles que se justificaban, se podían entender,  por la escasa tradición de pagar por la cultura del homo ibericus, quien parece padecer una predisposición genética al acopio de la propiedad intelectual ajena a hurtadillas, a la manera picaresca que …

Amanecer

Lo bueno que tiene madrugar es el silencio. Quietud que precede imperturbable al trajín de la mañana. La luz ausente, si acaso atisbada, da sombra y sosiego a un paisaje que parece inacabado y, por tanto, con posibilidades de ser cambiado al antojo del observador soñoliento. Es con lo que me quedo cada amanecer, con la posibilidad, con el día por venir y su fragmento de vida por completar. Preguntas sencillas con respuestas complejas o sin respuesta en ocasiones que han de dar el sentido o su ausencia a los instantes por llegar. Es el hálito cotidiano que por tener esa condición, la de la cotidianidad, se va desdibujando en la costumbre hasta perder su esencia. Y nos vuelve grises y pedazos de materia. Nos hemos habituado a marcarnos objetivos para todo, en las empresas, en la economía, en la política, en el deporte y lo mas triste, en la vida. Es pura abstracción porque el objetivo nunca acaba existiendo, se desvanece en el momento en que muere el esfuerzo, la ilusión por conseguirlo…

Elegir

Hace unos días leímos, escuchamos o vimos o una combinación de estas acciones nos informó de la muerte de la vocalista Amy Winehouse (hay nombres y apellidos que actúan como una carga premonitoria). Desconozco la mayor parte de la no muy extensa discografía de esta chica a la que reconozco una voz prodigiosa en  un estilo musical que no es del todo de mi agrado. Esto es lo de menos. En cualquier caso, una voz que no podrá decir nada nuevo a lo ya dicho o cantado, tan sólo repetirse en los registros digitales donde hoy se almacenan nuestras vidas y nos eternizan levemente en este mundo cuando ya no estamos en él. Lo que tienen los fallecimientos de celebridades más o menos mediáticas es que, sin querer, se salpican de relatos de vida reconstruida en unos minutos. Sabemos de su adicción a las drogas, de sus relaciones de pareja, de sus desintoxicaciones... Ficción de una vida de ficción. Del personaje que acaba superando a la persona y elige su final anunciado. Argumentos no faltarán par…

Los enamoramientos

De todos los usos que pueden darse al lenguaje es, sin duda para mí, el narrativo literario el más complejo y, sin embargo, el que más cautiva. Y a pesar de esta complejidad hay autores que hilvanan esta estructura narrativa con un dominio absoluto, subyugante, con frases que atrapan y no dejan indiferente. Es el caso de Javier Marías. Acabo de terminar su última novela, "Los enamoramientos", con la sensación de haber acabado uno de esos libros que se estudiarán en las facultades o en las clases de literatura contemporánea de cualquiera de los planes de estudio que se inventen los políticos presentes o venideros en los próximos años.La acción, "un asesinato, no más" como cita la protagonista recordando un pasaje de la novela de Dumas, "Los tres mosqueteros" sin dejar de ser sorprendente es una mera excusa para dar paso a la reflexión profunda sobre los azares universales que nos ponen en este mundo y nos quitan de en medio pasando al dominio de los muerto…

Sobre la provisionalidad

Siete de la mañana. La habitación del hotel queda a cobijo del Enero frío que discurre tras la ventana. En realidad todas las habitaciones de hotel tienen para mí un aire de atemporalidad. Tal vez porque no las frecuente en demasía y cuando lo hago es a modo de huida de la rutina diaria. Supongo que habrá quien vea en los hoteles precisamente esta rutina,  pero yo encuentro en ellos los oasis de tiempo necesarios para el sosiego y la asimilación de la vida misma. Tengo por costumbre levantarme a horas tempranas, indecentes, según mi mujer, pero son los momentos en que las neuronas que viajan conmigo se mueven con más brío. No quería hablar de hoteles, ni de rutinas ni siquiera de mis costumbres. Simplemente quería decir que somos poco más que aves de paso en el tiempo. Decir esto no es mucho y seguro que no aporta nada nuevo al conocimiento común de la humanidad (si es que éste existe). Lo que ocurre es que paseando por lo que hoy es una vía verde turística en Les Planes d'Hostolés…

La maldición china

Hay frases que quedan grabadas en algún punto del cerebro que siempre queda accesible al pensamiento y activan no se qué reacción neuronal que hace volver al momento exacto en que se dijo. Con lo que ello conlleva. A veces traen una carga de rebeldía frente al momento original. Durante mucho tiempo tuve que lavar los cubiertos en grupos y a la vez porque una persona me dijo que lo peor de lavar la vajilla eran los cubiertos, que se tenían que lavar de uno en uno. Aún ahora, que tengo la suerte de poder utilizar esa máquina de origen divino llamada lavavajillas, tengo la necesidad de colocar los cubiertos a puñados para que un diablillo socarrón que pasea por los pliegues de mi materia gris carcajee que también se pueden lavar de golpe.
Otras veces quedan en ese punto, siempre presentes, pero adormecidas hasta que encuentran el momento de cobrar sentido. Recuerdo perfectamente, como si estuviera ahora mismo sentado en las frias aulas de la entonces Facultad de Ciencias de la Informació…