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Mostrando entradas de septiembre, 2011

Programas de verano

Venticuatro de septiempre. El día empieza con una lluvia delicada. Es el segundo día de otoño, seguramente la estación del año más odiada por aquellos con tendencias depresivas, los amantes de las tórridas temperaturas estivales y aquellos que gozan con el rebozado arenisco de cualquier playa abarrotada. Para mí es el respiro que me invita al recogimiento y a la reflexión. Esa humedad que inunda el aire y el olor a almizcle de los bosques, la paleta de colores cálidos que tiñe el paisaje... Qué puedo decir, como buen hombre de lluvia, me gusta el otoño. Éste que empieza ya casi en el mes de octubre. Hago esta aclaración porque en otros muchos ámbitos y no sólo en una conocida marca de grandes almacenes el otoño ha empezado hace ya algunos días, parece que la vuelta al trabajo (aquellos que lo conservan) o el comienzo de las clases escolares anticipan su llegada. Pasa esto en la programación televisiva, en que apenas comenzado septiembre, se cambian todas las parrillas de emisión dando…

En cargo y descargo

Lo confieso. Yo también he descargado música, películas y hasta libros de forma ilegal desde internet. Yo también he pirateado. Por eso leí con atención la noticia de la llegada de la tienda virtual de Amazon al mercado español. No recuerdo qué medio era, uno digital de los que consulto habitualmente. Me fijé en él porque el autor, con un punto de entusiasmo, veía en este hecho una especie de revolución que había de hacer más económico el acceso a los contenidos y paliar las descargas ilegales de todo tipo de contenidos - tengo que decir que tras echar una ojeada a la web todavía no sé qué aporta de diferente a otras tiendas ya existentes-. Lo cierto es que en un punto de la noticia se hacía mención a los brutales niveles de piratería españoles que se justificaban, se podían entender,  por la escasa tradición de pagar por la cultura del homo ibericus, quien parece padecer una predisposición genética al acopio de la propiedad intelectual ajena a hurtadillas, a la manera picaresca que …

Amanecer

Lo bueno que tiene madrugar es el silencio. Quietud que precede imperturbable al trajín de la mañana. La luz ausente, si acaso atisbada, da sombra y sosiego a un paisaje que parece inacabado y, por tanto, con posibilidades de ser cambiado al antojo del observador soñoliento. Es con lo que me quedo cada amanecer, con la posibilidad, con el día por venir y su fragmento de vida por completar. Preguntas sencillas con respuestas complejas o sin respuesta en ocasiones que han de dar el sentido o su ausencia a los instantes por llegar. Es el hálito cotidiano que por tener esa condición, la de la cotidianidad, se va desdibujando en la costumbre hasta perder su esencia. Y nos vuelve grises y pedazos de materia. Nos hemos habituado a marcarnos objetivos para todo, en las empresas, en la economía, en la política, en el deporte y lo mas triste, en la vida. Es pura abstracción porque el objetivo nunca acaba existiendo, se desvanece en el momento en que muere el esfuerzo, la ilusión por conseguirlo…