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Mostrando entradas de enero, 2012

Visitante número mil

Visitante número mil. Nunca pensé que llegaría. O por lo menos que no llegaría en poco más de un año. Pero lo cierto es que esta pequeña retahíla de textos ha superado las mil visitas. Hace unos días escribía con cierta nostalgia sobre tiempos en los que predominaba una tecnología más "romántica" que la digital que gobierna nuestros días. Hace unos venticinco años, cuando el gusanillo de la escritura empezó a moverse en mis entrañas, no hubiese podido imaginar que alguno de mis textos hubiese sido ojeado física o virtualmente en más mil ocasiones. No era posible. Mucho menos que desde Estados Unidos o desde algún lugar remoto de Latinoamérica alguien se acercaría a las palabras aquí escritas, las de alguien que le da por escribir ocurrencias diversas o pesadas elucubraciones... Puede que sólo accidentalmente o desde algún buscador errado. Puede que haya algún caso de visitante habitual (algunos conozco y agradezco), pero lo cierto es que no deja de sorprenderme el alcance q…

Silencio

Allí encuentro las palabras cuando me faltan, cuando el pensamiento entra en barbecho emocional, en un secarral de ideas. El espacio donde labrar, donde abonar a la espera del fruto, no en actitud contemplativa sino en labor que más se pareciera a la del artesano rodeado de mimbres y alambres, componiendo cestillos de usos impredecibles. Allí me refugio cuando los días no son mas que un ruido agrio de palabras sin sentido. No tendemos a soportar los silencios porque en realidad no nos soportamos a nosotros mismos. Tendemos a taparnos tras frases banales que se han ido haciendo huecas con el tiempo, como gruesos ropajes o como una coraza que pusiera distancia y nos alejara de nuestro centro y pudiera transformarnos en otro pretendido. Hablar, hablar para distraer el tiempo, para llenar el espacio y no sentirnos solos, hablar y hablar diciendo muy poco o diciendo nada. Sólo así se puede entender que suenen fanfarrias vacuas a todas horas, las noticias repetidas, los medios idiotizantes…

Nostalgia

Será por el comienzo de un nuevo año, esa manía que tenemos por delimitar el tiempo, por contar acotadamente o por la necesidad de cerrar etapas y olvidar, aunque nunca se olvide del todo. Será por la desubicación temporal de los sentidos, que cambian sus rutinas en los días invernales en que nos empeñamos en comer y beber como para un acopio, innecesario y sobrero, previo a la hivernación. Lo cierto es que me sentí envuelto de nostalgia al leer la noticia de la inminente quiebra de la empresa Kodak. No por la empresa en sí, a la que no tengo un cariño o devoción especial, desasosiego quizás por los trabajadores que quedarán sin empleo (no por los directivos de sueldos blindados que proclaman el despido libre). Pensé en la marca y pensé en la película fotográfica que usábamos no hace tantos años para tomar las instantáneas, recuerdos visuales plasmados en papel, evocación segura de alguna historia, de algún trayecto, de algún amor quizá extinto o no completamente, quizá continuado en…

Día de Año Nuevo

Primer día del año del fin del mundo. A la orilla de una carretera secundaria, a la salida de un túnel, sentada en una silla de plástico rosado, una prostituta embutida en unos vaqueros ajustados aguarda negocio en el pasar endiablado de los vehículos en una versión fugaz y suicida del amor de pago. Me adentro en el túnel con un ojo puesto en el retrovisor que detecta el guiño intermitente de un vehículo que se detiene. Cien metros adelante un pequeño rebaño de ovejas pasta ajeno al intercambio "sexomonetario"  y a mi pasar enlatado en un ejemplo de vida sencilla y placentera. Pienso en la escena como una metáfora de mis esperanzas de Año Nuevo. Una vida prostituida por el materialismo que se esfuma a las espaldas del mundo. Una vida simplificada y humilde por venir. Ojalá mediaran sólo cien metros y un túnel entre ambas.