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Mostrando entradas de 2014

Tricromía de un final: 3.Habitación (negro)

Te lo he dicho y me has mirado sonriente, con la alegría contenida de quien consigue ganar la batalla, no por las armas ni por la fuerza de las manos, sino por el convencimiento y los argumentos. Has sonreído victorioso sin pensar en mi promesa. O tal vez pensando que la has borrado de mi voluntad, ese sería tu triunfo y también tu conquista. El espíritu satisfecho del guerrero ancestral que lleváis los hombres. Tanta lucha plasmada en esta cama revuelta con el sexo -aún tan reciente- impregnando la habitación oscura de tu lujoso apartamento. Tanta lucha hecha sudor esparcido y feliz. Y tú has decidido borrarte su huella con una ducha. Te lo he dicho: soy feliz. Y tú has sonreído como sonreíste el primer día, tras un café humeante que te desdibujaba un rostro abatido. Me sonreíste en tu tristeza y yo te besé en mi desesperación. No te mentí entonces, te besó mi acabamiento irremediable. No me mentiste, me besaron tus ganas de acabarte. Y me amaron como nunca, o como siempre desde aque…

Tricromía de un final: 2.Carta (blanco)

No serás tú la que atraviesa el paisaje nevado. No serás tú, oculta bajo un grueso abrigo y un gorro de lana estampado con motivos invernales, esas estrellas blancas y rojas sobre un fondo negro, una noche imposible. No serás tú la que caminas redoblando el rastro de pisadas sobre la nieve recién caída, dibujando un sendero de sentido obligado, que invita a su seguimiento sobre el frío, que buscan la calidez de algún destino a cubierto, un hogar, unos brazos o su ausencia paliada por el líquido humeante. No serás tú pero sí es tu frío éste que me invade y paraliza aquí sentado, tu frío último y definitivo, el que toqué aquella tarde -o aún no era mediodía-, después de aquella noche -o ya era madrugada-. Qué difuso se hace todo en la memoria cuando ya no es. Y no serás tú. Si lo fueras no seguirías ningún trazado dirigido por pisadas precedidas, tomarías la dirección perpendicular hacia el banco donde me encuentro como una estatua más de este parque, gélida e hierática. Si lo fueras m…

Tricromía de un final: 1.Vestido (rojo)

Escena primera:

Visión cenital. Dependienta y cliente contemplan un vestido rojo extendido sobre el mostrador que el segundo parece estar dispuesto a adquirir. La dependienta gesticula ampulosamente describiendo las características de la prenda en una exposición que poco a poco se va tornando inteligible. Zoom sonoro. Zoom visual progresivo hasta que la imagen queda impregnada de un rojo intenso. Roja la pantalla entera es  una profunda mancha de sangre rectangular de la que emerge la voz de la dependienta cerrando  la frase definitiva que finaliza la venta: -Ha hecho una gran elección. Yo creo que le encantará. De todas formas, si tuviera algún problema, puede cambiarlo, conserve esta factura...
No se escucha respuesta. Sólo un silencio que es rojo en la pantalla de sangre. Una música de guitarra melancólica va creciendo en el ambiente (fade in, figura en las anotaciones del guión) y barre el color como una brisa suave que lo tiñe de negro, el silencio.

Escena segunda:

Alguien ha an…

Trascendente

Le extrañó que el día más trascendente de su vida fuera transcurriendo de una forma tan cotidiana. Había amanecido como amanecen los días anodinos, con una pulsación desganada, tal vez malintencionada, sobre el despertador de la mesilla. 06:28. Cualquier otra persona hubiera despreciado el espacio temporal de los dos minutos anticipados a las seis y media de la mañana y hubiera programado el despertador a la media hora exacta. Tampoco lo hacía por remolonear a sabiendas que le que quedaban dos minutos de bostezos y medias vueltas que nunca son suficientes para alargar ese sueño que tampoco basta nunca del todo. Tal vez fuera esa la primera señal de la trascendencia del día. Todos los días importantes comienzan como cualquier otro día, pensó. Seguro que a Einstein también le sonó un  despertador insolente el día que dio con la formulación definitiva de la teoría de la relatividad. Es la rutina la que se deja sorprender por lo inesperado y también la que a veces premia la constancia. L…

La senda sonora

Pues hoy toca presentar el proyecto en el que he estado entreteniendo últimamente mis desvaríos vitales, no sé si creativos: La senda sonora.
Después de tantos años escribiendo, me apetecía hablar un rato, explorar un poco más allá de los versos escritos y ver qué pasaba. Hace poco más de un año empecé a grabar unos cuantos textos a viva voz. Ese era el proyecto inicial. Recitar unos cuantos versos. Quizás debí dejarlo ahí pero seguí experimentando con sonidos de la naturaleza, con imágenes... Esa amalgama fue destilando en mi imaginación diferentes paisajes sonoros que he intentado dibujar con mis precarias habilidades musicales, guitarra en ristre (ya me perdonaréis lo rústico de mi técnica aún en primaria formación). Un pequeño teclado MIDI, un pedal de efectos y muchas horas de desvelos, desvaríos e ilusiones han hecho el resto. El resultado es esta senda sonora que he tomado momentaneamente, unas cuantas maquetas "músico-habladas", unas estructuras claramente mej…

Blanco 537

Lo supo al desplegar el lienzo sobre el bastidor. Por el olor de la tela desnuda, una piel fibrosa de un blanco roto y glaciar, como un paisaje antártico con sentido en su ausencia luminosa de color. Lo supo porque esas cosas las sabían los pintores con una cierta experiencia y él acumulaba ya bastantes años entregándose a la aplicación de los óleos sobre la tela. Su técnica y su estilo habían ido evolucionando de la figuración a la abstracción en un tránsito a la simplificación de las cosas aparejado a la madurez creativa. Así lo veía él y así lo expresaba cuando tenía la oportunidad de departir sobre materia pictórica en algún café de medio pelo con algún colega, hasta que la noche se vestía de un bohemio alcohólico y anticuado. A pocos les interesaban estas discusiones sobre el proceso artístico. Hoy nadie estaba dispuesto a partirse la cara por defender un concepto del arte pictórico enfrentado al de algún rival en artes como hicieron aquellos genios prevanguardistas en aquel Par…

Ínfimo mundo

- ¿Vienes?
- No, todavía no.
Le pareció que la expresión con la que le miró ella no quedaba del todo definida y no supo descifrar si era reprobación o beneplácito lo que traslucía. Tal vez indiferencia. Preveyendo lo primero añadió:
- Quiero ver un documental que han anunciado sobre el mundo microscópico. Parece interesante.
A la frase le siguieron un silencio nuevamente indeterminado, media vuelta y el alejamiento progresivo y en perfecta perspectiva euclidiana de un cuerpo que se iba desvaneciendo en la penunmbra del pasillo. El vapor humeante de la infusión que sostenía en una mano envolvía el cuerpo de Lucía en la distancia, lo teñía de un aire místico. Parecía que levitaba de camino al dormitorio. Por un momento pensó en desdecirse de su intención primera y dejar a las ínfimas criaturas de medidas imposibles en la negrura de una pantalla apagada. Lucía desbordaba una sensualidad calma y acogedora, un estilo de encanto innato que le impregnaba el ser entero, los rasgos, los gesto…