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Final



Junto al nuevo poemario que estoy acabando de preparar y que avisto terminado hacia la primavera (estoy tranquilo, ni la editorial ni el representante aprietan) han ido surgiendo unas cuantas voluntariosas e improbables canciones (por lo menos la intención era cantar en ellas), maquetas caseras de algunos poemas. Mis habilidades musicales son precarias y  escasas, pero he disfrutado tanto en el proceso que he decidido hacerles un hueco en mi escueto universo creativo visible junto a esos versos. Todas han crecido con ellos como una forma diferente de expresarlos. Aunque predominan en muchas de ellas los tintes eléctricos, ésta que dejo aquí, a modo de muestra y señuelo anticipatorio, surgió sencilla, lenta y acústica hace ya algunos meses, pero no fue hasta hace poco que le pude dar sentido, meditando sobre unos preciosos versos que también hizo canción -maravillosa- Leonard Cohen, A thousand kisses Deep. Irreverente, le he robado al maestro la traducción al castellano de cuatro versos que he colocado en medio de la canción y la frase de su título, espero sea comprensivo con este usurpador… La he llamado Final, que también es principio de algo nuevo las más de las veces. No digo más, mi cuento de hoy se lee y suena.



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Cuento binario

El lado femenino

Una vez, cuando era joven de verdad, quiero decir cuando aún conservaba restos de acné y la pelusa, jalonándome el rostro, todavía no se había endurecido demasiado,  una chica de parecida juventud me dijo que yo tenía un lado femenino muy desarrollado. En ese momento vital de hormonas desbocadas aquello me sonó a la voluntad de establecer alguna conexión o desconexión que, en cualquier caso, se alejaba de mi voluntad inmediata -no escondida, por otra parte-. Tal vez había alguna intención más a largo plazo o tal vez era, simple y llanamente, lo que se vendría a llamar un dar calabazas en toda regla.
Nunca hasta entonces había pensado que pudiéramos tener lados de sexos diferentes, así que me decidí a profundizar en la literatura existente sobre el tema para acabar descubriendo que aquello tenía que ver con energías vitales, filosofía oriental, polaridades, emociones y sensibilidades. Con el tiempo, y desde ese punto de vista, fui dando la razón a aquella chica aunque fueran calabazas …

Retratando a(l)ma

Puedo estar, sin pretenderlo, consolidando una sección sobre mis instagramers favoritos. Y favoritas, que dirían los políticamente correctos y los gramaticalmente confusos. Y confusas. Aunque no les falte razón para afirmar que también en el lenguaje hay un machismo intrínseco, como en casi toda la historia y la vida asumidas. La verdad es que si me detengo un momento a pensarlo, hay más favoritas que favoritos. Y no creo que sea cuestión de género como ya comenté una vez por aquí a cuenta demi lado femenino. Qué narices importará todo eso cuando se habla de sensibilidad artística. Nada. Sólo que una de esas favoritas es, sin duda, Isabel López, @venkatesulu para los que frecuentamos la red social de la fotografía móvil. Hace tiempo ya que me atrapó su manera de encuadrar y aislar escenas de la vida con un smartphone, casi siempre en blanco y negro, como buscando un contraste esencial y común a cualquier sentimiento. Instagram le ha dado merecido reconocimiento a su trabajo en varias…