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Tu nombre

Nunca supe, a ciencia cierta, tu nombre. Nunca me importó. Lo imaginé tantas veces escrito en algún papel, tantas veces y tan diferente. Con las caligrafías distintas de distintas manos que probaron suerte en tu enigmático acertijo. Lo imaginé tantas veces escrito como tantas veces errado y corregido, a la manera que quedan impresos los borrones de tinta china, formando caprichosas siluetas que juegan con los tonos de un azul que sugiere un cielo amenazante de tormenta. O debiera decir un cielo atormentado en su sentido liberatorio, el que es capaz de expresar, de rugir, de llorar arreciando y dejando su impronta. Nunca me importó. Más bien me gustaba sentirte ajena, libre de cualquier atadura, también de la de un nombre que sin querer te hubiese marcado en grafías y signos manidos, que te hubiesen hecho a ese corsé lineal de orígen bíblico o hebreo o vikingo. Con la carga de una historia que te lastraría en mi pensamiento. Pensé que no merecías esa carga, que estabas bien así, liviana, ignota y emborronada sobre un papel hecho lienzo y que el cielo fuese tu nombre.

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Cuento binario

El lado femenino

Una vez, cuando era joven de verdad, quiero decir cuando aún conservaba restos de acné y la pelusa, jalonándome el rostro, todavía no se había endurecido demasiado,  una chica de parecida juventud me dijo que yo tenía un lado femenino muy desarrollado. En ese momento vital de hormonas desbocadas aquello me sonó a la voluntad de establecer alguna conexión o desconexión que, en cualquier caso, se alejaba de mi voluntad inmediata -no escondida, por otra parte-. Tal vez había alguna intención más a largo plazo o tal vez era, simple y llanamente, lo que se vendría a llamar un dar calabazas en toda regla.
Nunca hasta entonces había pensado que pudiéramos tener lados de sexos diferentes, así que me decidí a profundizar en la literatura existente sobre el tema para acabar descubriendo que aquello tenía que ver con energías vitales, filosofía oriental, polaridades, emociones y sensibilidades. Con el tiempo, y desde ese punto de vista, fui dando la razón a aquella chica aunque fueran calabazas …

Retratando a(l)ma

Puedo estar, sin pretenderlo, consolidando una sección sobre mis instagramers favoritos. Y favoritas, que dirían los políticamente correctos y los gramaticalmente confusos. Y confusas. Aunque no les falte razón para afirmar que también en el lenguaje hay un machismo intrínseco, como en casi toda la historia y la vida asumidas. La verdad es que si me detengo un momento a pensarlo, hay más favoritas que favoritos. Y no creo que sea cuestión de género como ya comenté una vez por aquí a cuenta demi lado femenino. Qué narices importará todo eso cuando se habla de sensibilidad artística. Nada. Sólo que una de esas favoritas es, sin duda, Isabel López, @venkatesulu para los que frecuentamos la red social de la fotografía móvil. Hace tiempo ya que me atrapó su manera de encuadrar y aislar escenas de la vida con un smartphone, casi siempre en blanco y negro, como buscando un contraste esencial y común a cualquier sentimiento. Instagram le ha dado merecido reconocimiento a su trabajo en varias…