Ir al contenido principal

Perspectiva

Se acostumbró a verlo todo desde el margen de las cosas y aún así nunca se sintió marginada ni marginal. Le gustaba anotar las ideas que le sugerían las lecturas ya fuera en libros, ya fuera en revistas, en diarios o en prospectos medicinales. Tenía la necesidad de interpretar el mundo desde los mínimos espacios que le iban dejando las letras ya impresas; la vida desde el rincón de algún tugurio. A fin de cuentas era la propia  vida la que se empeñaba en empujarla hacia los extremos. Demasiada gente en el centro para su gusto, demasiada uniformidad, demasiada y unánime estupidez colectiva que pocas personas se atrevían a interpretar de una forma crítica. Y en el fondo tampoco era esa su intención, criticar. Se sentía simplemente una cámara oculta que registraba y transcribía la cotidianidad sin ser vista. En los márgenes, como detrás de las cortinas de los reservados, todo estaba permitido. El beso más profundo, el sexo más oscuro, el llanto y el grito desgarrado. El placer de la libertad escueta que le iba regalando el pasar de los días y que no rendía tributo ni cuenta alguna al razonamiento aprendido. A lo que se consideraba bueno o lo que parecía malo. En los márgenes las cosas pasaban sin más, sin juzgar. Sólo anotaba sensaciones que luego intentaba recrear al azar, revivir aleatoriamente en una suerte de ensayo complejo nacido del orillamiento más absoluto. Y desde allí surgían vidas improvisadas y fortuitas, como recogidas del fondo de un cenicero, como la suya, sin más argumento que el ser sin que tuviera que existir un sentido para hacerlo. En una esquina de un poemario de Bukovski encontró un lugar que le pareció un buen sitio para vivir. Se inscribió allí con un lápiz de ojos, el mismo con el que se despidió del último tipo con el que compartió cama, dejándole una nota en el margen del espejo del cuarto de baño: "Me voy, eres grande, demasiado. Me estabas nublando la perspectiva".

Entradas populares de este blog

Cuento binario

El lado femenino

Una vez, cuando era joven de verdad, quiero decir cuando aún conservaba restos de acné y la pelusa, jalonándome el rostro, todavía no se había endurecido demasiado,  una chica de parecida juventud me dijo que yo tenía un lado femenino muy desarrollado. En ese momento vital de hormonas desbocadas aquello me sonó a la voluntad de establecer alguna conexión o desconexión que, en cualquier caso, se alejaba de mi voluntad inmediata -no escondida, por otra parte-. Tal vez había alguna intención más a largo plazo o tal vez era, simple y llanamente, lo que se vendría a llamar un dar calabazas en toda regla.
Nunca hasta entonces había pensado que pudiéramos tener lados de sexos diferentes, así que me decidí a profundizar en la literatura existente sobre el tema para acabar descubriendo que aquello tenía que ver con energías vitales, filosofía oriental, polaridades, emociones y sensibilidades. Con el tiempo, y desde ese punto de vista, fui dando la razón a aquella chica aunque fueran calabazas …

Retratando a(l)ma

Puedo estar, sin pretenderlo, consolidando una sección sobre mis instagramers favoritos. Y favoritas, que dirían los políticamente correctos y los gramaticalmente confusos. Y confusas. Aunque no les falte razón para afirmar que también en el lenguaje hay un machismo intrínseco, como en casi toda la historia y la vida asumidas. La verdad es que si me detengo un momento a pensarlo, hay más favoritas que favoritos. Y no creo que sea cuestión de género como ya comenté una vez por aquí a cuenta demi lado femenino. Qué narices importará todo eso cuando se habla de sensibilidad artística. Nada. Sólo que una de esas favoritas es, sin duda, Isabel López, @venkatesulu para los que frecuentamos la red social de la fotografía móvil. Hace tiempo ya que me atrapó su manera de encuadrar y aislar escenas de la vida con un smartphone, casi siempre en blanco y negro, como buscando un contraste esencial y común a cualquier sentimiento. Instagram le ha dado merecido reconocimiento a su trabajo en varias…