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Amanecer

Lo bueno que tiene madrugar es el silencio. Quietud que precede imperturbable al trajín de la mañana. La luz ausente, si acaso atisbada, da sombra y sosiego a un paisaje que parece inacabado y, por tanto, con posibilidades de ser cambiado al antojo del observador soñoliento. Es con lo que me quedo cada amanecer, con la posibilidad, con el día por venir y su fragmento de vida por completar. Preguntas sencillas con respuestas complejas o sin respuesta en ocasiones que han de dar el sentido o su ausencia a los instantes por llegar. Es el hálito cotidiano que por tener esa condición, la de la cotidianidad, se va desdibujando en la costumbre hasta perder su esencia. Y nos vuelve grises y pedazos de materia. Nos hemos habituado a marcarnos objetivos para todo, en las empresas, en la economía, en la política, en el deporte y lo mas triste, en la vida. Es pura abstracción porque el objetivo nunca acaba existiendo, se desvanece en el momento en que muere el esfuerzo, la ilusión por conseguirlo. Creo que el único objetivo que evitamos es la muerte. Ni siquiera los suicidas se felicitan por lograrlo. Es más, me imagino que en el último instante antes de dejar de pertenecer al mundo de los vivos, agradecerían una mano poderosa que pudiera detener la caída, la bala, el metropolitano. El único que evitamos y, sin embargo, se me antoja el único real. El resto es ilusión y es ésta la que nos mantiene en pie y nos alienta. Y en cada ser es diferente, cada uno tiene su subjetiva razón para seguir. No es el objetivo sino el subjetivo lo que azuza nuestros días, el pasar, lo que tenemos y nos es regalado, la sonrisa que doy, la que me ofrecen, el abrazo, la conversación, miradas, ver, respirar... Respiro, gracias, luego existo. A partir de aquí todo está por definir. A veces una suma de subjetivos parecidos pueden llevar a un supuesto objetivo, pero esto es irrelevante. Sólo cuando somos capaces de comprender nuestra esencia, nuestro subjetivo, somos capaces de comprender los subjetivos ajenos, los de los demás que se entrecruzan, suman, restan, se disuelven, se reinventan y viven y nos hacen personas.
Lo que también tiene madrugar es que a veces uno no sabe si se ha despertado del todo y la duermevela provoca un aluvión de ideas inconexas que tiendo a considerar como buenas y certeras dejando una sonrisa esbozada en la cara con la que camino, casi idiota, como si hubiera descubierto el elixir de la vida. Es mi subjetivo de hoy. Otros días ni siquiera consigo madrugar.



Fotografía de Noel Feans

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