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Estiaje

Aquí estoy de nuevo, después de un barbecho bloguero de más de un mes, en el inicio de un estío que como viene siendo habitual en los últimos años coincide con el inicio de mis vacaciones laborales (labor que me proporciona sustento físico) y sin fallar, desde que tengo memoria, suma un año más a mi colección que se acerca ya inexorablemente a la cuarentena. Cuarentones dicen, no "cuarentañeros" como se suele llamar a los que están en décadas de edad más jovial como quinceañeros, veinteañeros y hasta trentañeros. Sin ser mi estación preferida, he de reconocer que el verano es el período del año que más cancha me da para dar rienda suelta a esta manía mía de relatar, de contar, de narrar, de explicar, de sugerir, de engañar o de soñar mediante la palabra escrita. No tanto por la cantidad de verborrea impresa producida sino por lo que tiene de lagunas de tiempo muerto para planificar, recomponer, reubicarse. Esa es la finalidad real de un barbecho agrícola, reposar la tierra para su regeneramiento a base de nuevos nutrientes. Un trabajo (no lo es, en mi caso) poco vistoso y, sin embargo, fundamental. Leer, imbuirse, documentarse, contemplar, soñar, dejarse llevar.  Este es mi propósito de estiaje. Apartarme del camino a la sombra de un buen árbol, atento al pasar del viento, vino en bota, buena compañía y buena siesta. Después vendrá el camino y sus señales, normas por cambiar. Vendrá el camino, nunca cesa, cesamos si acaso, con sus crisis, sus noticiarios, su gente gris y sus buenas personas que alientan, que alegran el paso y hacen que valga la pena caminar. Pero eso será mañana y porvenir inexistente por tanto. Buen verano.

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Cuento binario

El lado femenino

Una vez, cuando era joven de verdad, quiero decir cuando aún conservaba restos de acné y la pelusa, jalonándome el rostro, todavía no se había endurecido demasiado,  una chica de parecida juventud me dijo que yo tenía un lado femenino muy desarrollado. En ese momento vital de hormonas desbocadas aquello me sonó a la voluntad de establecer alguna conexión o desconexión que, en cualquier caso, se alejaba de mi voluntad inmediata -no escondida, por otra parte-. Tal vez había alguna intención más a largo plazo o tal vez era, simple y llanamente, lo que se vendría a llamar un dar calabazas en toda regla.
Nunca hasta entonces había pensado que pudiéramos tener lados de sexos diferentes, así que me decidí a profundizar en la literatura existente sobre el tema para acabar descubriendo que aquello tenía que ver con energías vitales, filosofía oriental, polaridades, emociones y sensibilidades. Con el tiempo, y desde ese punto de vista, fui dando la razón a aquella chica aunque fueran calabazas …

Retratando a(l)ma

Puedo estar, sin pretenderlo, consolidando una sección sobre mis instagramers favoritos. Y favoritas, que dirían los políticamente correctos y los gramaticalmente confusos. Y confusas. Aunque no les falte razón para afirmar que también en el lenguaje hay un machismo intrínseco, como en casi toda la historia y la vida asumidas. La verdad es que si me detengo un momento a pensarlo, hay más favoritas que favoritos. Y no creo que sea cuestión de género como ya comenté una vez por aquí a cuenta demi lado femenino. Qué narices importará todo eso cuando se habla de sensibilidad artística. Nada. Sólo que una de esas favoritas es, sin duda, Isabel López, @venkatesulu para los que frecuentamos la red social de la fotografía móvil. Hace tiempo ya que me atrapó su manera de encuadrar y aislar escenas de la vida con un smartphone, casi siempre en blanco y negro, como buscando un contraste esencial y común a cualquier sentimiento. Instagram le ha dado merecido reconocimiento a su trabajo en varias…