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Apunte sobre una supesta madurez

Al levantarme hoy, temprano como siempre, me he visto de nuevo con mis arreos de escritura: una libretilla llena de apuntes y frases desgajadas, versos sueltos salteados por alguna anotación de encargo o alguna lista de la compra a modo de recordatorio necesario para mi quebradiza memoria. Lo cierto es que allí había una pregunta que plasmé hace unos días: ¿Será esto signo de algún tipo de madurez? Sucedía esta pregunta a una lista bastante extensa de ideas, temas y formas sobre las que me gustaría escribir. Y es que de un tiempo a esta parte noto que la sesera bulle en unas temperaturas a las que no estaba acostumbrado. Un rebrote de ingenio más o menos agudo, quizás tire a romo, pero una cierta evolución del intelecto hacia prismas de nuevas caras transparentes. Supuse yo entonces y supongo ahora que tal vez tenga que ver con algún tipo de madurez que van aportando los años, como si la energía física que secreta e imperceptibleme se va deshilachando en el pasar de los días fuera a recomponerse en otros rincones de un ser más profundo.
No me interesa tanto el resultado y su brillantez (eso queda para los genios). Disfruto con el proceso "creativo" en un modo en el que no lo había hecho hasta ahora... Sueño me cuesta... Pruebo y ensayo formas y palabras en lo que a mí se me antoja una libertad absoluta, tal vez la única que me quede. Me calma y me llena, me libera y me lleva, saltando intangibles cercas, hacia paraísos que se me hacen posibles.
Es sólo un apunte robado a mi cuaderno de viaje diario, una suposición incierta que tal vez sólo busque alguna ventaja al cumplimiento de los años, una nota así compartida, como una charla matinal y soñolienta entre aromas de café y té de humeantes vapores y sabios posos.

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