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El verbo contenido

Es cierto. Hace unos días que no digo lo que me viene en gana. Llevo una temporada conteniendo el verbo porque lo que me viene a la boca o a la mente o a los dedos que escriben no lo considero apropiado. Me viene rondando, por ejemplo, hijodeputa, aunque esta palabra o insulto haya perdido ya toda su carga ofensiva y poco tenga que ver con las mujeres que habitan, intermitentes, las rotondas y cunetas de carreteras y polígonos industriales. Y mucho menos con sus hijos, las que los tengan, pues a buen seguro no tendrán relación alguna ni posibilidad de parentesco legal con las personas que me hacen evocar el palabro. También me frecuenta cabrón y tampoco los esquivos cápridos y su calmo mordisquear tienen nada que ver con los destinatarios de mis pensamientos. Podría aplicar estos calificativos enérgicamente y cargado de razones contra la caterva de corruptos que inundan los espacios comunicativos desde hace varios días. Pero me cansa y me hastía hasta tal punto que no me apetece en absoluto contribuir al exceso informativo y de opinión que se desborda a arreones por los medios de comunicación más variopintos. Estos mismos medios parecen recoger una creciente indignación ciudadana que no parece existir más allá de las páginas de los diarios, de las conexiones audiovisuales en los noticiarios, de las tertulias encendidas en los mercados, en los bares, en las peluquerías, en las anodinas partidas de cartas de la tercera edad... Palabras, palabras, palabras. Hirientes, combativas, irónicas, serias, dolidas... Palabras que corren y se transmiten como los virus al estornudar.
A veces me pregunto hasta qué punto toda esta información no es una estrategia controlada para perpetuar el sistema. Estos días ha caído en mis manos un resumen de Las 10 estrategias de manipulación mediática del lingüista Noam Chomsky. Para aquellos que quieran perderse en su lectura, adjunto un enlace en la que no será difícil descubrir demasiadas similitudes con la situación que estamos viviendo.


Las 10 estrategias de la manipulación mediática de Noam Chomsky

Pero ya digo que ni siquiera me apetece hablar de la manipulación sibilina que sufrimos constantemente. No creo que pudiera añadir nada nuevo. Es más bien la impotencia de acción la que me ronda la cabeza. ¿Qué puedo hacer yo? Y cuando digo hacer me refiero a actuar más allá de firmar manifiestos, de reenviar correos electrónicos, de inundar las redes sociales de panfletos, de ver programas irónicos... Tengo la impresión de que todo esto no es, en realidad, sino carnaza que se hará aceptable en un corto periodo de tiempo, como se nos hacen aceptables tantas otras cosas que tendrían que revolver nuestros adentros y nuestras manos. Hace unas semanas leía una novela de Juan José Millás, El orden alfabético (brillante y divertida), en la que encontré un símil entre unas supuestas realidades paralelas y un calcetín. El orden del mundo cambia a uno u otro lado del mismo. Pensé que hasta ahora sólo hemos estado lavando el calcetín (olores y suciedad nunca faltan) cuando lo que debe hacer falta es darle la vuelta y sacudirlo con fuerza. No se trata de encontrar un nuevo orden alfabético sino más bien un nuevo alfabeto... Pero, ¿cómo? De eso no se debate en las tertulias encendidas de esperpénticos personajes vociferantes, nada dicen los periódicos de la deconstrucción de un sistema, no hay documentales -ni de ciencia ficción- que muestren las posibilidades de nuevas formas de organización humana. En un estado que está a la cabeza la ratio europea de horas consumidas de televisión por habitante cobra especial importancia la programación idiotizante, los silencios comunicativos, la ausencia de debates profundos y argumentados... Me canso de leerme. Y, mientras tanto, ¿qué hago?. Seguir escribiendo textos, nuevos poemas, preparar unos cuantos versos recitados y juntar todo eso en una nueva versión remozada de la web www.arsaediciones.com. No es mucho, es cierto, pero os invito a verlo aunque sólo sea un calcetín lavado con olor a suavizante artificial que me sirve de evasión. No doy para más.


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