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De versos nuevos y antiguas musas

Son esquivas y casi siempre exigen un precio que no puedo pagar. Por eso hace tiempo que dejé de buscar las musas refinadas, ataviadas con vaporosos vestidos, de otro tiempo. Está claro que renunciando a ellas me pierdo una clarividencia excelsa. Pero me cansa esperar sin hacer nada como me cansa pagar por todo en esta época en la que no parecemos haber escarmentado de la resaca consumista. Que no podemos ser propietarios del mundo, ni siquiera a cómodos plazos de una envenenada hipoteca. Desde que decidí buscar musas low cost se me aparecen en los elementos más diversos y cotidianos. Me asaltan en la lavadora, en las mesas por poner, en la gente que camina, en los caminos sin gente... Y cuando ni siquiera esas encuentro me las acabo construyendo. Todo va quedando empantanado en una mezcolanza desordenada de difícil provecho, pero a la que acudo para ir componiendo los textos y pretextos en los que paso algunos días y las más de las noches. Hay algunos que voy acumulando con la pretensión de que se conviertan en poemas para un futuro libro que va tomando forma de animal risueño. Éste que dejo aquí, a modo de señuelo, proviene de una musa que me susurró una palabra secreta al abrir un diccionario. Tiene la particularidad para mí de estar escrito en la lengua en la que vivo buena parte de mis días, pero no en la que sueño ni pienso, un ejercicio con el que he disfrutado buceando en el latido de palabras con las que no acostumbro a construir ni expresar. Me ha gustado. Por eso la he repetido alguna que otra vez en ese libreto por terminar y que no pretende más que ser un pequeño susurro agradable entre el estilo ruidoso del mundo. Eso y mi habitual deseo que de mi no depende. Que guste el cuento.



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El lado femenino

Una vez, cuando era joven de verdad, quiero decir cuando aún conservaba restos de acné y la pelusa, jalonándome el rostro, todavía no se había endurecido demasiado,  una chica de parecida juventud me dijo que yo tenía un lado femenino muy desarrollado. En ese momento vital de hormonas desbocadas aquello me sonó a la voluntad de establecer alguna conexión o desconexión que, en cualquier caso, se alejaba de mi voluntad inmediata -no escondida, por otra parte-. Tal vez había alguna intención más a largo plazo o tal vez era, simple y llanamente, lo que se vendría a llamar un dar calabazas en toda regla.
Nunca hasta entonces había pensado que pudiéramos tener lados de sexos diferentes, así que me decidí a profundizar en la literatura existente sobre el tema para acabar descubriendo que aquello tenía que ver con energías vitales, filosofía oriental, polaridades, emociones y sensibilidades. Con el tiempo, y desde ese punto de vista, fui dando la razón a aquella chica aunque fueran calabazas …

Retratando a(l)ma

Puedo estar, sin pretenderlo, consolidando una sección sobre mis instagramers favoritos. Y favoritas, que dirían los políticamente correctos y los gramaticalmente confusos. Y confusas. Aunque no les falte razón para afirmar que también en el lenguaje hay un machismo intrínseco, como en casi toda la historia y la vida asumidas. La verdad es que si me detengo un momento a pensarlo, hay más favoritas que favoritos. Y no creo que sea cuestión de género como ya comenté una vez por aquí a cuenta demi lado femenino. Qué narices importará todo eso cuando se habla de sensibilidad artística. Nada. Sólo que una de esas favoritas es, sin duda, Isabel López, @venkatesulu para los que frecuentamos la red social de la fotografía móvil. Hace tiempo ya que me atrapó su manera de encuadrar y aislar escenas de la vida con un smartphone, casi siempre en blanco y negro, como buscando un contraste esencial y común a cualquier sentimiento. Instagram le ha dado merecido reconocimiento a su trabajo en varias…