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Tricromía de un final: 1.Vestido (rojo)

Escena primera:

Visión cenital. Dependienta y cliente contemplan un vestido rojo extendido sobre el mostrador que el segundo parece estar dispuesto a adquirir. La dependienta gesticula ampulosamente describiendo las características de la prenda en una exposición que poco a poco se va tornando inteligible. Zoom sonoro. Zoom visual progresivo hasta que la imagen queda impregnada de un rojo intenso. Roja la pantalla entera es  una profunda mancha de sangre rectangular de la que emerge la voz de la dependienta cerrando  la frase definitiva que finaliza la venta: -Ha hecho una gran elección. Yo creo que le encantará. De todas formas, si tuviera algún problema, puede cambiarlo, conserve esta factura...
No se escucha respuesta. Sólo un silencio que es rojo en la pantalla de sangre. Una música de guitarra melancólica va creciendo en el ambiente (fade in, figura en las anotaciones del guión) y barre el color como una brisa suave que lo tiñe de negro, el silencio.

Escena segunda:

Alguien ha anotado travelling que persigue al hombre y vemos la espalda de un hombre cubierta por una americana de paño azul. Lleva una gran bolsa de papel en la mano y deducimos que se corresponde a la espalda, como fracción del cuerpo entero, del hombre que compraba el rojo vestido en la escena anterior. Lo imaginamos doblado dentro de una caja invisible a nuestros ojos, dentro de una bolsa de papel. Caminamos tras esa bolsa y esa espalda a paso calmo, sin prisa, hasta llegar a una esquina donde nos detenemos y empezamos a mirar cómo cruza la calle la espalda, el brazo, la mano con la bolsa asida que se va encogiendo en la distancia al tiempo que se aparece progresivamente el hombre entero que, al otro lado de la travesía, abre el maletero de un vehículo negro estacionado y deposita la bolsa. Después entra en el vehículo, arranca y desaparece de nuestra vista sin que ni siquiera intentemos girar la cabeza para ver como se pierde el coche en el trajín transitado de la travesía. Quedamos mirando el hueco vacío en el estacionamiento de la calle, como desamparado. Se nubla, se hace negro. Fade out pone en el guión.

Escena tercera:

Extendido sobre la cama, el vestido recobra el esplendor que fue parcial unos momentos, doblado en la caja, tal como no lo habíamos visto, tan sólo imaginado. Extendido vuelve a palpitar la pantalla, sobre su blanco que también es el blanco de una sábana desordenada sobre la que se desplaza nuestra mirada hasta que aparece la desnudez de un cuerpo que se nos antoja durmiente en un primer momento, al abordar los hombros, pero que se torna azulado cuando aparecen los labios inmóviles. Los pechos se muestran fríos, como los brazos, los dedos, amoratados. Aunque no podemos tocar percibimos que el cuerpo entero está inánime y aún así desprende una belleza glaciar que emociona y hace pensar en ese cuerpo aún joven en movimiento, en los labios sonrientes, en ojos abiertos (¿de qué color serían?)... Se oyen pasos que se acercan pero sólo acertamos a ver de nuevo la americana de paño azul cubriendo la espalda del hombre que acaba ocultando la desnudez y el cuerpo. El silencio queda atravesado por un llanto contenido y por la fricción de las sedas con los brazos del hombre, con el cuerpo inerte. Dos minutos después se aparta sin que podamos ver su rostro para dejarnos la visión del vestido sobre el cuerpo que ya no está desnudo, es de un rojo parcial que contrasta con los tonos decolorados y azulados del rostro, de las manos. Es imposible no pensar de nuevo en la belleza del cuerpo así vestido en movimiento, es imposible no pensar en sus pensamientos eléctricos, en sus mil quehaceres y proyectos cotidianos, todos interrumpidos, pospuestos para siempre o para nunca. Nos acercamos al rojo del vestido (zoom, reza en el guión) y poco a poco ocupa nuestros ojos enteros. El llanto se desvanece. Fade out. No hay créditos.

Fin.

Pensaremos tal vez en ese vestido y en ese rojo como una textura pasional, como la sangre que tal vez se hallaba, pastosa y mal oliente, por el suelo de una habitación que nunca vimos, todo tan parcial es siempre... Pero eso no lo explicita el guión. Cerramos los ojos. Intentamos no pensar. Fade out.



David%20S%C3%A1nchez

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