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Dos apuntes

Un par de apuntes para este viernes cansado de trabajo y sobredosis de información. Apuntes tristes. El primero por la muerte de Tomas Tranströmer, poeta grande y sencillo. "Pronto, todo será sombra", decía en uno de sus poemas. Él ya lo es. Y también árbol, pero de buen cobijo, el que dejan sus versos.
El segundo, de hartazgo de mercaderes amparados en la magnitud de una tragedia colectiva. Esta semana se han doctorado miles de nuevos expertos en análisis psicológicos de un desconocido. Siempre es un loco el que aprieta un botón. O un gatillo. Nadie lo pudo predecir. Nadie se dio cuenta. ¿Nadie? Esa tragedia es aún mayor. Una sociedad de globales desconocidos. De virtuales y ajenos conocidos que nos acaban importando un carajo. Pero seguimos respirando. Esta vez no nos ha tocado.

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Cuento binario

El robot que quería ser poeta

Está claro que la era del algoritmo no ha hecho más que empezar. Que estamos ante los primeros resultados, ante los primeros yacimientos de eso que llaman ya el petróleo de los nuevos tiempos que empiezan a ser presente. Oro líquido que todavía está en estado de magma alimentado por cada una de nuestras pulsaciones en el teclado, por nuestros recorridos dactilares en una pantalla, por nuestras búsquedas, por nuestro tiempo de lectura, por nuestro respirar... Datos y más datos que una legión de robots eficazmente entrenados para separar, incansables, el grano de la paja se lanzan a la lectura de las combinaciones alfanuméricas que componen esos datos, esos textos... Algunos de esos robots se han entregado tanto a la lectura que han tomado gusto propio y se han decantado por la poesía, tanto que alguno se ha empeñado en convertirse en poeta. Le pasó al programa informático con el que trabaja desde hace 17 años el investigador de la Universidad Complutense de Madrid, Pablo Ge…

Nadie sabe nada

Será que últimamente leo mucho a Leonard Cohen, al que entró en la madurez cuando yo era muy joven. Al que iba envejeciendo acumulando amor, sexo y fanfarronerías por un igual, al que ya llevaba a Lorca aposentado en las venas y se propuso que le sobreviviera llamando así a su hija. Será por eso que me volví a topar con Everybody Knows, la primera canción que conscientemente escuché de él. La primera que supe lo que decía, puesto que, por aquel entonces, el segundo idioma que se estudiaba mayoritariamente en España era el francés... Y Cohen se empeñaba en cantar en aquella jodida lengua que hacía parecer cualquier letra algo brillante y genial, la lengua que iba a acabar dominando el mundo engulléndonos a los paletos enamorados de las derivas latinas del lenguaje. Pero Cohen, traspasado a la lengua de Lorca no pierdía brillo, o simplemente brillaba de la única manera en que lo podía entender. Y allí volvieron a aparecer todos aquellos versos en que todo el mundo sabía lo que pasaba e…