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Pedradas

Los años van poniendo peso, polvo y papeles sobre mis versos primeros. Rara vez los releo y suele coincidir con la visión de alguna imagen, de una escena, con la percepción de un olor que me recuerda algún texto concreto. Fío a la memoria (le fío demasiado y a veces se olvida de pagarme) ese instante y cuando tengo ocasión lo recupero. Cuando eso pasa, también rara vez puedo resistirme a la tentación de crear alguna versión nueva del mismo texto y cambiar alguna palabra, suprimir, añadir o modificar alguna imagen que desde mi perspectiva actual le dota de más sentido o le matiza alguno... No me gusta repetirme ni vivir instalado en el pasado, ni vital ni creativamente. Creo que no hay nada más emocionante que un espacio en blanco en el que crear. Un lienzo, un papel, una página virtual, una pista vacía, un metal o piedra que trabajar, una cámara por disparar... También en lo ya creado. Lo considero algo vivo y como tal ha de poder crecer, mutar y hasta morir. Y aun así uno no puede dejar de sentir el vértigo del paso galopante del tiempo cuando mira la fecha del texto en cuestión y ve que justamente se cumplen ventidos años desde su creación. Y tampoco puedo resistirme a la alegría de comprobar que la inquietud que me llevó a escribirlo sigue viva y me sigue alimentando. Sólo así puedo explicarme que esta afición al mundo de las letras siga regalándome tiempo, madure y crezca en mi y en mi forma de ver la vida y sentir. Así que, con su correspondiente actualización, hoy recupero unas cuantas pedradas que no he dejado de lanzar. No hace falta ponerse a cubierto, son de un material ligero y difícilmente dañarán a nadie.








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El robot que quería ser poeta

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