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La huída (y otras gaitas)

Hace ahora un año que andaba jugando con unos cuantos versos, una guitarra y una pedalera de efectos. Me salió La huída y la idea, intuición o creencia firme, de que podía intentarlo también con otros poemas que ya tenía escritos o a medio escribir. Puede ser que no fuera buena idea. No dispongo de los conocimientos ni las destrezas musicales. Ni de los medios técnicos para grabar canciones con un mínimo de calidad, porque eso era al final lo que pretendía hacer, canciones. Quién no ha querido hacer una y cantarla alguna vez. Yo sí. Creo que desde que tengo uso de razón. La música ha movido siempre los ritmos de mi vida y lo sigue haciendo pasados los cuarenta. Empecé a escribir poesía copiando letras de canciones y siempre he buscado la melodía interna de las palabras, la composición rítmica de los versos, también de los textos en prosa. Pero no fue hasta La huída donde me percaté de la forma en que quería combinar versos y canción, poesía y música (ya me disculparán poetas y músicos). Así que sirva este videomontaje de fotomatón grabado a una sola toma como regalo de aniversario a esta canción que no pasa de maqueta casera, pero que a mi me da el espacio y el paisaje sonoro donde se mueven mis versos. Una maqueta de una improbable canción. Una intuición de probable libertad creativa.








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El lado femenino

Una vez, cuando era joven de verdad, quiero decir cuando aún conservaba restos de acné y la pelusa, jalonándome el rostro, todavía no se había endurecido demasiado,  una chica de parecida juventud me dijo que yo tenía un lado femenino muy desarrollado. En ese momento vital de hormonas desbocadas aquello me sonó a la voluntad de establecer alguna conexión o desconexión que, en cualquier caso, se alejaba de mi voluntad inmediata -no escondida, por otra parte-. Tal vez había alguna intención más a largo plazo o tal vez era, simple y llanamente, lo que se vendría a llamar un dar calabazas en toda regla.
Nunca hasta entonces había pensado que pudiéramos tener lados de sexos diferentes, así que me decidí a profundizar en la literatura existente sobre el tema para acabar descubriendo que aquello tenía que ver con energías vitales, filosofía oriental, polaridades, emociones y sensibilidades. Con el tiempo, y desde ese punto de vista, fui dando la razón a aquella chica aunque fueran calabazas …

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Puedo estar, sin pretenderlo, consolidando una sección sobre mis instagramers favoritos. Y favoritas, que dirían los políticamente correctos y los gramaticalmente confusos. Y confusas. Aunque no les falte razón para afirmar que también en el lenguaje hay un machismo intrínseco, como en casi toda la historia y la vida asumidas. La verdad es que si me detengo un momento a pensarlo, hay más favoritas que favoritos. Y no creo que sea cuestión de género como ya comenté una vez por aquí a cuenta demi lado femenino. Qué narices importará todo eso cuando se habla de sensibilidad artística. Nada. Sólo que una de esas favoritas es, sin duda, Isabel López, @venkatesulu para los que frecuentamos la red social de la fotografía móvil. Hace tiempo ya que me atrapó su manera de encuadrar y aislar escenas de la vida con un smartphone, casi siempre en blanco y negro, como buscando un contraste esencial y común a cualquier sentimiento. Instagram le ha dado merecido reconocimiento a su trabajo en varias…