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Día de Año Nuevo

Primer día del año del fin del mundo. A la orilla de una carretera secundaria, a la salida de un túnel, sentada en una silla de plástico rosado, una prostituta embutida en unos vaqueros ajustados aguarda negocio en el pasar endiablado de los vehículos en una versión fugaz y suicida del amor de pago. Me adentro en el túnel con un ojo puesto en el retrovisor que detecta el guiño intermitente de un vehículo que se detiene. Cien metros adelante un pequeño rebaño de ovejas pasta ajeno al intercambio "sexomonetario"  y a mi pasar enlatado en un ejemplo de vida sencilla y placentera. Pienso en la escena como una metáfora de mis esperanzas de Año Nuevo. Una vida prostituida por el materialismo que se esfuma a las espaldas del mundo. Una vida simplificada y humilde por venir. Ojalá mediaran sólo cien metros y un túnel entre ambas.

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Cuento binario

El lado femenino

Una vez, cuando era joven de verdad, quiero decir cuando aún conservaba restos de acné y la pelusa, jalonándome el rostro, todavía no se había endurecido demasiado,  una chica de parecida juventud me dijo que yo tenía un lado femenino muy desarrollado. En ese momento vital de hormonas desbocadas aquello me sonó a la voluntad de establecer alguna conexión o desconexión que, en cualquier caso, se alejaba de mi voluntad inmediata -no escondida, por otra parte-. Tal vez había alguna intención más a largo plazo o tal vez era, simple y llanamente, lo que se vendría a llamar un dar calabazas en toda regla.
Nunca hasta entonces había pensado que pudiéramos tener lados de sexos diferentes, así que me decidí a profundizar en la literatura existente sobre el tema para acabar descubriendo que aquello tenía que ver con energías vitales, filosofía oriental, polaridades, emociones y sensibilidades. Con el tiempo, y desde ese punto de vista, fui dando la razón a aquella chica aunque fueran calabazas …

Retratando a(l)ma

Puedo estar, sin pretenderlo, consolidando una sección sobre mis instagramers favoritos. Y favoritas, que dirían los políticamente correctos y los gramaticalmente confusos. Y confusas. Aunque no les falte razón para afirmar que también en el lenguaje hay un machismo intrínseco, como en casi toda la historia y la vida asumidas. La verdad es que si me detengo un momento a pensarlo, hay más favoritas que favoritos. Y no creo que sea cuestión de género como ya comenté una vez por aquí a cuenta demi lado femenino. Qué narices importará todo eso cuando se habla de sensibilidad artística. Nada. Sólo que una de esas favoritas es, sin duda, Isabel López, @venkatesulu para los que frecuentamos la red social de la fotografía móvil. Hace tiempo ya que me atrapó su manera de encuadrar y aislar escenas de la vida con un smartphone, casi siempre en blanco y negro, como buscando un contraste esencial y común a cualquier sentimiento. Instagram le ha dado merecido reconocimiento a su trabajo en varias…