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Visitante número mil

Visitante número mil. Nunca pensé que llegaría. O por lo menos que no llegaría en poco más de un año. Pero lo cierto es que esta pequeña retahíla de textos ha superado las mil visitas. Hace unos días escribía con cierta nostalgia sobre tiempos en los que predominaba una tecnología más "romántica" que la digital que gobierna nuestros días. Hace unos venticinco años, cuando el gusanillo de la escritura empezó a moverse en mis entrañas, no hubiese podido imaginar que alguno de mis textos hubiese sido ojeado física o virtualmente en más mil ocasiones. No era posible. Mucho menos que desde Estados Unidos o desde algún lugar remoto de Latinoamérica alguien se acercaría a las palabras aquí escritas, las de alguien que le da por escribir ocurrencias diversas o pesadas elucubraciones... Puede que sólo accidentalmente o desde algún buscador errado. Puede que haya algún caso de visitante habitual (algunos conozco y agradezco), pero lo cierto es que no deja de sorprenderme el alcance que desde un pequeño e insignificante blog se puede obtener. Esa es la fuerza que me maravilla, la posibilidad de comunicar fuera del mercado de la comunicación.
Decir que no pretendo nada cuando escribo sería falso. Siempre se escribe por algún motivo, el mío no es otro que el de compartir una forma de ver la vida, poética o algo así pretendido a veces, en cruda prosa otras. Así que me gustaría pensar que detrás de las mil visitas hubiera un minúsculo porcentaje al que agrada o comparte algo de lo que escribo. Visitante número mil, no puedo regalarte nada, como nada pude regalar al primero o al quinientos dieciseis, si acaso mi sincero agradecimiento y mi ilusión compartida por seguir escribiendo

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Cuento binario

El lado femenino

Una vez, cuando era joven de verdad, quiero decir cuando aún conservaba restos de acné y la pelusa, jalonándome el rostro, todavía no se había endurecido demasiado,  una chica de parecida juventud me dijo que yo tenía un lado femenino muy desarrollado. En ese momento vital de hormonas desbocadas aquello me sonó a la voluntad de establecer alguna conexión o desconexión que, en cualquier caso, se alejaba de mi voluntad inmediata -no escondida, por otra parte-. Tal vez había alguna intención más a largo plazo o tal vez era, simple y llanamente, lo que se vendría a llamar un dar calabazas en toda regla.
Nunca hasta entonces había pensado que pudiéramos tener lados de sexos diferentes, así que me decidí a profundizar en la literatura existente sobre el tema para acabar descubriendo que aquello tenía que ver con energías vitales, filosofía oriental, polaridades, emociones y sensibilidades. Con el tiempo, y desde ese punto de vista, fui dando la razón a aquella chica aunque fueran calabazas …

Retratando a(l)ma

Puedo estar, sin pretenderlo, consolidando una sección sobre mis instagramers favoritos. Y favoritas, que dirían los políticamente correctos y los gramaticalmente confusos. Y confusas. Aunque no les falte razón para afirmar que también en el lenguaje hay un machismo intrínseco, como en casi toda la historia y la vida asumidas. La verdad es que si me detengo un momento a pensarlo, hay más favoritas que favoritos. Y no creo que sea cuestión de género como ya comenté una vez por aquí a cuenta demi lado femenino. Qué narices importará todo eso cuando se habla de sensibilidad artística. Nada. Sólo que una de esas favoritas es, sin duda, Isabel López, @venkatesulu para los que frecuentamos la red social de la fotografía móvil. Hace tiempo ya que me atrapó su manera de encuadrar y aislar escenas de la vida con un smartphone, casi siempre en blanco y negro, como buscando un contraste esencial y común a cualquier sentimiento. Instagram le ha dado merecido reconocimiento a su trabajo en varias…